Supongo que habrá miles de sonrisas en este mundo. Pero la suya no se podía comparar con nada. Sonreía por todo, aunque tu estuvieses de mal humor y quisieras gritarla que parara de hacerlo, ella seguía. Todo en ella perduraba. Menos una cosa, las ganas de dejarlo todo atrás. Ya habían conseguido hacerlo muchas veces. En los estudios, cuando corría y en el amor. Pero en aquello de hacer feliz a las personas, nadie iba más deprisa que ella. Porque aunque no he conocido persona más lenta en cualquier cosa, cuando se proponía ayudar a alguien era la más rápida.
Daba igual el día, la hora, el lugar o los kilómetros que tuviese que recorrerse. Ella siempre llegaba. Parecía como si el reloj en vez de de ir en su contra, fuera a su favor, dando marcha a atrás a el tiempo.
Recuerdo como si todavía estuviese a mi lado posando su brazo por hombro y diciéndome que "Todo iría mejor" que nunca aceptó un "No" por respuesta.
Afrontó como nadie lo había echo nunca mi forma de ser, y siempre me enseñó el lado positivo de cada cosa.
Y estuvo ahí, en cada caída, a cada cual me ayudaba más a levantarme y a curarme las secuelas, que esta, había dejado en mí.
Pero a todos nosotros alguna vez nos fallan los pilares que soportan el peso de los recuerdos y sentimientos, y caemos. Nos derrumbamos.
Ella no era así. Nunca vi resbalar una lágrima por sus mejillas en todo el tiempo que tuve oportunidad de estar junto a ella, aunque aún me pregunto si cuando nos despedíamos se escondía en algún rincón que nadie pudiese verla -solo por su propio orgullo- y lloraba desconsoladamente.
Me enseñó tantas cosas que no podría expresarlas en esta hoja, y vivimos tantas otras, que eso solo ocupan las páginas de mi memoria.
Pero si alguna vez tengo algo presente y que me da fuerzas para seguir luchando el día a día, son los objetivos que ella tenía y se propuso seguir adelante fuese como fuese.
La mente tan positiva que tenía y que nunca se nubló por mucho que lloviese.
El ser ella misma, y que no la importase lo que pensase el resto de las personas.
'Pero a todos nosotros alguna vez nos fallan los pilares que soportan el peso de los recuerdos y sentimientos, y caemos.'
ResponderEliminarDesgraciadamente sí. Pero ¿qué haríamos sin esas caídas que nos ayudan a madurar y a crecer?
Son completamente necesarias.
PD: Que nunca se escape de tu memoria.