domingo, 31 de julio de 2011

Hay algo en mí.


Seguía tus firmes pasos a lo largo de la calle. Y tu mientras tanto no tan lejos, pero si tan iluso, tan ajeno a mis sentimientos vacilabas en algunos de tus giros, pues no sabías hacia donde tenías que orientarte, ni como llegar.
En cada esquina que girabas, me paraba para observarte. Me hacía gracia tu cara de preocupación y felicidad camuflada.
Pero sin embargo, no te llegaste a perder nunca aunque no acertases con todo el recorrido del camino que estaba marcado.
Me parecía imposible que no reconocieses quien podría ser el remitente de la carta que te habías encontrado esta mañana.
Tantas veces nos habíamos sentado juntos y mientras tu observabas como tomaba los apuntes, lo gracioso de mi letra según decías, el giro de mi muñeca y la línea que escribía que se volvía curva cuando tus ojos se tornaban en mi dirección.
Conseguiste llegar al final del recorrido, al número del portal que estaba marcado. Y aún así vacilaste al pararte en frente de la puerta.
Miraste hacia todos los lados pensativo, con esa cara que ocultaba una sonrisa, sin saber muy bien donde te encontrabas y porque habías decidido hacerlo.
Entonces avancé rápido hacia donde te encontrabas y te abracé por detrás.
Al principio te sobresaltaste -¿Quién no?- y giraste la cabeza para quien era aquella extraña persona.
-Creo que esto de los juegos de pistas se te dan realmente bien-. y le miré fijamente como cada vez que hablábamos.
Se llevo la mano al pelo, como buscando un lugar donde desahogar su nerviosismo -esta vez sin ocultar su sonrisa-
-¿Pero que es esto?-. Preguntó .
No supe bien que contestarle. ¿Una indirecta? No. Eso es demasiado obvio.
-Ya lo has visto, un juego.
-Pero esto no es un juego normal. Tu no eres normal. !Estás loca! He estado andando por este lugar como una hora para encontrar este dichoso portal.
Se sentó en las escaleras y me miró esperando una respuesta.
-Me asombra que te des cuenta después de bastante tiempo de que no soy normal. Y si, este dichoso portal que has estado buscando es el mío.
Sus ojos se abrieron. Y su color castaño se acentuó todavía más.
-¿Tu portal?¿Y para qué me has traído hasta aquí?
- Para que veas mi casa. Para que veas con tus propios ojos como me haces sentir cada vez que estoy contigo. Como en mi propia casa. En mi propio mundo. Me evades de este horroroso lugar cada día que hablamos o que nos reímos por cualquier cosa. ¿Ahora lo entiendes?
- Si, creo que lo entiendo-. dijo mientras arrugaba la frente.
-¿Ah si? ¿Y qué has entendido?-. dije en tono bromista.
-Que eres la persona más rara y loca, todavía más, que he conocido.-.
No pude aguantar sin reír un minuto más.
-¿Y eso es bueno?
- No te puedes imaginar hasta que punto lo es.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Recuerdos