lunes, 24 de enero de 2011

Conversando con pasado.



Echo de menos tantas cosas de mi vida que no podría resumirlas en unas palabras que después con el paso del tiempo hasta yo misma olvidaría.
Mi primer recuerdo es de la guarderia. De aquella época en la que tu principal tarea era de disfrutar la corta inocencia de la infancia no recuerdo mucho, tan solo un gran plato de coliflor que me intimidaba y que no quería comer, acompañado de carreras por los pasillos que acabaron -una de ellas- en las urgencias de la paz de Madrid, con 5 recuerdos en mi frente.
Poco más alberga mi mente de aquellos años de sonrisas, de regalos que aparecían por sorpresa bajo un gran abeto decorado, de intercambios de cromos, guerras de barro o de comida que mas nos daba ¿no? Y ahora toca elegir mi propio futuro. Creo que ahora sé lo que siente Peter Pan.
Pero para alcanzar todo sueño, hay que despertar -y después de recuerdos que evocan más que a mi propia vida a una película américana mala, de estas que ponen los domingos por la tarde y que dan ganas de vomitar y cambiar de canal- supongo que viene la parte de mis recuerdos que menos me gusta.
Unos recuerdos borrados y empañados por las lágrimas. De despedidas. De cambios de rutina radicales. De separaciones.
Quizás, la época en la que pasé de una bonita ignorancia a una vida real y a bajar de la nube a la que me había estado subiendo los once años restantes de vida que me seguían por detrás. Recordándome que todavía, en la sociedad se me conocía como a una niña que no podía decidir con quien quería pasar el día a día y que aunque dijese todo el odio que me recorría por dentro nada podría cambiar.
Años de espera, de búsqueda de algo que no llegaba. Recuerdo que mi almohada amanecía todas las mañanas empapada de lágrimas, y que el teléfono no paraba de sonar con llamadas para mí. Pero yo no escuchaba, ya no quería oír más mentiras. Ya había visto bastantes y las que me quedarían por ver.
También recuerdo diciembre, marzo y junio. Creo que tú también.
Recuerdo tantos sentimientos que me explotaba la cabeza y el corazón continuamente.
Pero luego, nada más que recuerdo calma, esa típica calma de los días de verano en el que el mar está plano. Como una balsa, y es ahí donde ahora me encuentro.
La gente dice "La vida es una perra" yo entonces, creo que soy el gato que corre delante para que esta no me atrape, de momento.

1 comentario:

  1. ¿Sabes que adoro tu blog? *-*
    Esas fuentes me MATAN joder tía, ¿todo tienes que hacerlo bien? ¬.¬'

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Recuerdos