
Me prometieron tantas madrugadas y amaneceres repletos de verdades y amor que dejé de creer en la suerte de que algún día eso me ocurriese a mi.
A veces voy por la calle y sigo imaginando que alguien va a mi lado y que me coge de la mano, fuerte, aunque sepa que nunca me soltaría.
Ya no me importa demasiado no haberme levantado esta vez después de tropezar, creo que ha sido el dolor que más he agradecido en mi vida. Y se llama verdad. Se llama abrir los ojos después de un sueño que se había convertido en una interminable pesadilla.
Aún me sigo preguntando como pude creer tantas mentiras juntas. Es irónico como el subconsciente humano a veces actúa por nosotros sin darnos cuenta -quizás- de que estamos echándolo a perder todo.
Aún me sigo preguntando como pude creer tantas mentiras juntas. Es irónico como el subconsciente humano a veces actúa por nosotros sin darnos cuenta -quizás- de que estamos echándolo a perder todo.
Nos gusta lo desconocido, lo que siempre hemos deseado y no hemos tenido, lo que pasa es que no nos damos cuenta de lo peligroso y dañino que puede resultar eso para nosotros.
Te ha faltado decir que siempre, siempre deseamos algo y cuando lo tenemos, enseguida nos cansamos de ello.
ResponderEliminar