miércoles, 3 de octubre de 2012

En clase.

Tengo la parte de atrás de los cuadernos llenos de textos y frases; de historias, de dolor y lágrimas. De intentos de cartas que nunca llegarán a su destinatario, y de ilusiones que se han quedado en la memoria del folio clavadas para siempre. He pintado mesas de instituto con tu nombre, nuestro nombre, y grabado con las tijeras en la madera el que un día fue mi mayor deseo. Recuerdo que llené las agendas de las mejores letras de canciones y marqué los días en los que por casualidad no echaba de menos absolutamente nada ni a nadie. He roto apuntes de hace años donde había promesas y deseos escritos a lápiz que nunca pude cumplir, pero si borrar. He odiado, echado de menos, y querido en todas las horas de clase y del día. Hasta que el sonido del timbre me salvaba -una vez más-. A veces la gente me miraba y me preguntaba "¿Qué escribes" Yo sonreía y seguía escribiendo. Creo que yo tampoco me comprendería.
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Recuerdos