
El vapor que desprendía la ducha cubría toda la habitación como en un día de niebla. Se encontraba sentada en la ducha, mientras cientos de miles de gotas recorrían cada parte de su cuerpo haciendo que se juntaran con el agua salada de sus lagrimas que se desprendían rapidamente de sus ojos.
Había perdido la noción del tiempo mientras se hayaba en aquella nube de vapor, incluso, creía haberse podido alejar de todos los recuerdos y de los pensamientos.. Desearía poder borrar su mente, olvidar quien era y que hacía en este hostil mundo.
El sonido del agua al caer podía distraerla vagamente de lo que más haya de la puerta de aquella habitación la amenazaba, como si de muerte se tratase.
Sus ojos realizaron un brusco movimiento en dirección al presente. Vió moverse el picaporte de la puerta y una voz grave y preocupada sonó al otro lado de la pared.
Apagó el grifo y se incorporó con torpeza, resbalando con el agua que había empapado todo el suelo de la habitación.
Se apresuró a coger una toalla y a salir de allí para poder escabullirse de posibles y rutinarias reprimendas que su mente -después- repetiría a todas horas como si de una cinta grabada se tratase.
Se volvió a encerrar, pero esta vez en su habitación.
Su vida consistía en diferentes encierros diaros, pero el que más repetía y en el que más tiempo se encontraba era en ese. Un mundo que nadie podía atravesar. Solo ella y las débiles voces que se colaban por las paredes y llegaban hasta sus oídos que intentaba hacer menos agudos para no poder encajar palabras ni conversaciones.
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Recuerdos